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Traición - Un Viaje Inesperado 2



Parte 2 de 4

1
Un lugar en el mundo

Con mucha paciencia y organización, los empleados intentaban subir a la gente a los botes salvavidas. La incertidumbre consiguió apoderarse de algunos pasajeros, que presos por el pánico no guardaban el orden impuesto por los jornaleros, querían ser los primeros en salir y para conseguir su objetivo, golpeaban a todo el que encontraban a su paso.
No pude evitar angustiarme, sentía cómo la impotencia, el temor y el desasosiego se iban apoderando de mí. La situación empeoraba por momentos, creando un ambiente de pánico y tensión, inquietud constante, inseguro... Poco a poco empecé a abandonarme en mis pensamientos, me atrapaban y me perdía en un profundo e intenso abismo de inseguridad y angustia.
Comencé a recordar los años en el orfanato y la soledad empezó a inundar mi corazón, sentía que me ahogaba, no podía respirar. La necesidad de correr se apoderó de mí, necesitaba alejarme de la tripulación. Sin que nadie se diese cuenta, regresé a mi camarote, en los bolsillos de mi chaquetón guardé el dinero y la documentación.
Respecto al resto de mis cosas, no me quedó más remedio que abandonarlas. Me apresuré a salir. Una vez en cubierta vi que solamente quedábamos el personal y yo. El capitán al verme, se quedó pálido, me regañó y, junto con parte de la tripulación, subí en un bote. Mientras que él y su plantilla echaron un último vistazo para asegurarse de que no quedaba nadie más.
Mientras la pequeña embarcación navegaba rumbo a la costa, eché un último vistazo atrás, desde luego las vistas que unas horas antes me parecían exquisitas, en ese momento las sentí escalofriantes. Ver como el azote de las olas va hundiendo un barco tan inmenso no resulta nada grato.
Cuando por fin llegamos a tierra firme, sentí un gran alivio, pero estaba tan nerviosa que las piernas me fallaron y me desplomé contra el suelo. Esperaba que alguien, al verme caer, se acercase a mí, pero ni siquiera me miraron.
Con las pocas fuerzas que aún albergaba mi cuerpo, me senté y me descalcé. La sensación que me provoca la arena al colarse por todos los resquicios, me resultaba realmente molesta, así que no tardé en limpiarme lo mejor que pude, y volví a calzarme. Mi ropa mojada y mis pertenencias estaban dentro de un barco hundido en el mar. 

Original © Mary Martín Todos los derechos reservados. 

8 comentarios:

  1. Suena a muy buena historia. Mucha suerte ^^

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  2. Mary !!!

    Sin palabras !! Has nacido para narrar muchacha! Que bien deslizás la pluma, mostrás la intensidad de la situación con delicadeza y los momentos engorrosos los detallas con sublime espectáculo. Realmente, tan joven que sos, me asombra lo demasiado bien que narrás. En verdad, con mi mano en mi corazón, que sea justicia y el mundo conozca tu arte. Es el deseo de un poeta bohemio, que ha leído estos poemas que nos dejas leer y ahora estos fragmentos de tu narrativa, y sos increíble y "va a suceder" (!!) ;)

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  3. Pues tendré que esperar, pero seguro que la espera tendrá su recompensa, suerte

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    1. Nacho ya la espera sera mínima pues estamos en la cuenta atrás.

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  4. A la como siempre sorprendes espero que tengas mucho exito

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    1. Gracias por tu comentario ^_^ y bueno ojala cuando este en el mercado os guste tanto como el primero.

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