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Traición - Un Viaje Inesperado



Parte 3 de 4

1
Un lugar en el mundo


Caminé durante horas en busca de una tienda para poderme cambiar y así evitar un constipado. Después de un largo rato andando, entré en una tienda de aspecto humilde y sencillo, en la cual me atendió una señorita un tanto desagradable. Ella me gritaba y me zarandeaba de un lado para otro, hasta que me sacó de la tienda.
Un anuncio sobre la ventana de una pequeña cafetería, hizo que me parara a pensar. Tras unos segundos debatiendo conmigo misma, entré decidida a preguntar por el puesto de trabajo.
El local no era muy luminoso, la tapicería de los taburetes estaba algo raída y había cuatro mesas cuadradas con dos sillas por mesa. No vi ni un solo cliente, por lo que no entendía la necesidad de contratar a más personal. Una señora salió de lo que parecía ser la cocina y me miró de arriba abajo estudiando mi aspecto.
—Disculpe, señorita, hoy no abrimos hasta el mediodía, estamos algo escasos de personal y no podemos atender antes a los clientes.


Un tanto apurada por la cantidad de trabajo que tenía por realizar, se dio la vuelta para dirigirse a la cocina.
—Entré porque estoy interesada en el puesto de trabajo —dije a sus espaldas de forma apresurada.


Durante largo rato estuvimos hablando, la entrevista me resultó algo pesada, pero finalmente obtuve lo que quería. Además, la señora me aconsejó una posada cercana con buenos precios donde poder quedarme a dormir.
La posada que me había recomendado Livi era un lugar lleno de polvo, donde la pintura se caía de las paredes; aunque la recepción era bastante amplia y luminosa, su recepcionista me resultó muy agradable.
No tenía mucho dinero, pero como los precios eran tan bajos, pude pagar tres meses por adelantado. Una vez me cobró y me dio mi recibo, me pidió que la siguiese para indicarme el que iba a ser mi cuarto.
Sin lugar a dudas ese hostal estaba ruinoso y necesitaba un buen arreglo. Una vez habíamos arreglado todo, la señora me guió por un largo pasillo que se encontraba peor que la recepción. El pasillo era estrecho, la iluminación era escasa, la ventilación nula y la decoración inexistente. Se paró delante de una puerta, la abrió y tras darme la llave, agradecí su hospitalidad y me dispuse a investigar el dormitorio.

Original © Mary Martín Todos los derechos reservados. 

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