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Traición - Un Viaje Inesperado


Parte 1 de 2


3
Nuevas amistades


Por norma general tengo costumbre de despertar después de escuchar el despertador. Pero en esta ocasión gracias al aroma a: Tostadas, tortitas, leche hervida... y un hambre voraz, terminé despertando a horas intempestivas. Drella había preparado el desayuno, lo que me pareció un bonito detalle por su parte.
—Buenos días, ¿dormiste bien en el sofá?
—¡Sí Gracias!. Es bastante cómodo —Dijo Drella mostrando una gran sonrisa mientras seguía preparando el desayuno.
—¿Cómo te has despertado tan pronto?

—Quería agradecer tu amabilidad preparándote el desayuno. Además estoy acostumbrada a madrugar —Me ofreció una sonrisa. Tras carraspear, lanzó una pregunta muy directa —El mes que viene ¿nos iremos juntas o cada una por su lado?
—A mí me da igual, si quieres podemos viajar juntas. —Dije mientras devoraba unas tortitas.
—Por mí estaría genial —añadió entusiasmada a la vez que se sentaba en la mesa para desayunar.
—Vale, pues en eso quedamos, pero ahora me tengo que ir a trabajar.


En la chimenea el fuego chisporroteaba lentamente. El viento abría y cerraba la puerta principal, mientas el bullicio de las conversaciones se mezclaba. Intenté ser agradable y sonreír, pero esas miradas lascivas me impedían poner buena cara. La impotencia por no poder defenderme brotaba por cada uno de mis poros. Livi había cargado demasiado la bandeja con la que yo atendía las mesas, por lo que sentía que el brazo no iba a aguantar tanto peso.
Mientras estaba dejando todo sobre la mesa tres, Carlos, uno de los clientes situado en la dos, muy conocido en el pueblo por sus escarceos amorosos, me tocó el culo sin ningún miramiento. No pude aguantar tal acoso, me giré hacia él cabreada y comencé a gritarle. Livi caminó directa hacia mí echa una furia.
—Pero niña, ¿qué te crees que estás haciendo? —me gritó muy nerviosa —Tienes que respetar a mis clientes y ser más amable con ellos.
—Que me respeten ellos primero, que sean clientes no les da derecho a nada sobre mi persona. Y que yo sepa, este no es un bar de tetas, ¿o sí? —Estas palabras las dije de tan mal humor que Livi me lanzó una mirada cargada de rabia.
—¡No, por supuesto que no! Este es un local decente, pero nada te da derecho a tratar mal a uno de mis clientes. —Dijo Livi intentando hablar relajadamente.
—Si así están las cosas, quédate con tu cliente, yo me largo de este local.
—Niña, tienes un contrato que cumplir conmigo.
—Me da igual, señora. Tengo mi dignidad, y eso ni se compra ni se vende.


Dicho esto, me marché del bar sin esperar una respuesta por parte de Livi. Caminé hasta las afueras del pueblo. Durante largo rato estuve tumbada sobre la hierba, con la mente en blanco, sin pensar en nada. Ya más tranquila, me marché a casa.
Sumergida en mis pensamientos, sin advertir hacia donde iba caminando, terminé por llegar a la propiedad de Carlos, el cliente por el que había perdido mi trabajo.

No sé ni cómo ni cuando se acercó, me puso un pañuelo en la boca y me atrapó entre sus brazos,


Original © Mary Martín Todos los derechos reservados.

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