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Traición - Un Viaje Inesperado


Parte 1 de 3

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Una esperanza para continuar


Después de un mes en mi nuevo hogar, el tiempo empezó a empeorar. Con mi lista de la compra en la mano, medio emborronada por la lluvia, me fui a la tienda y aunque intenté evitarlo, terminé empapada.
Una vez terminé, me dispuse a salir corriendo, con la esperanza de que no me faltase tiempo para cambiarme de ropa e ir a trabajar. Justo en el momento que me disponía a abandonar el local, tropecé con una chica que estaba entrando con tan mala suerte que termine haciéndola caer en un charco y la chica quedó totalmente embarrada de pies a cabeza. Me disculpé con ella, sentía realmente todo lo que había sucedido. Para mi sorpresa, la chica se lo tomó muy bien.
Durante unos minutos estudié su aspecto disimuladamente. La chica debía de medir un metro y cincuenta centímetros aproximadamente. Tenía el pelo corto, de un negro azabache precioso, liso y suave como la seda. Llevaba unos vaqueros ceñidos con un top de color rojo. La chica me pareció muy misteriosa y con lo delgada que estaba perfectamente podría ser una modelo.
—Me llamo Drella, ¿y tú? —Dijo tendiéndome la mano.
—Abril, soy Abril —respondí ofreciéndole una amplia sonrisa a la vez que le tendía mi mano.
—Un placer conocerte, ¿sabes dónde me podría asear un poco y cambiarme esta ropa? Es que no soy de por aquí. —Al terminar ella esbozo una gran sonrisa.


El sentimiento de culpabilidad me inundaba, por mi error la pobre Drella estaba empapada y podía pillar un catarro. No lo pensé ni un segundo y la invité a casa. Aún hoy en día sigo sin comprender por qué me fie tanto de ella si no la conocía de nada. Parecía muy buena persona, su comportamiento era francamente agradable, tenía un algo que me impedía desconfiar. Físicamente me recordaba a Susana mi mejor amiga del orfanato.
Fuimos en su coche hasta la posada, donde mientras ella se aseaba, yo me cambiaba para ir al trabajo. Le ofrecí quedarse en lo que yo volvía de trabajar, pero en vez de eso me acercó en su coche para que no llegara tarde.
En una mesa apartada y casi en penumbra Drella pasó toda la tarde, esa chica misteriosa sacó un libro de su bolso y pidió un café.

Original © Mary Martín Todos los derechos reservados.

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