Menú2







Traición - Un Viaje Inesperado


Parte 2 de 3


2
Una esperanza para continuar


En una mesa apartada y casi en penumbra Drella pasó toda la tarde, esa chica misteriosa sacó un libro de su bolso y pidió un café. Esa actitud empezó a impacientarme y aunque mi intuición me advirtió sobre ella, decidí no hacerle caso.
El aroma a lavanda y hierbabuena me hizo bajar de mi nube y centrarme en cocinar. Por suerte nadie se había dado cuenta de que andaba perdida en mis pensamientos.

Una vez que la clientela se redujo, regresé a mi habitual puesto de trabajo: servir mesas y limpiar. No es que me resultara el mejor trabajo del mundo, pero me permitía pagar las facturas.
Mientras limpiaba una mesa, observé detenidamente a Drella. Me parecía callada y tenía más o menos mi edad. Sin levantar la vista de su libro, tomaba su café con tostadas. Desde mi posición, no pude observar el título de ese libro. Ella, parecía inmersa en su lectura.
Tres horas más tarde, Drella se levantó de la mesa, pagó su consumición y se marchó sin ni siquiera decir adiós. Una vez que terminé mi jornada, me marché a pasear un rato por los alrededores.
A las afueras del pueblo todo era hermoso: los campos verdes invitaban a tumbarse sobre ellos y observar el atardecer, el aroma de las flores provocaba una gran sensación de relax y confort. A pesar de que la lluvia no cesaba, tumbada en esos verdes prados me sentía muy a gusto y relajada.
Al caer la noche, sentía como si las extremidades de mi cuerpo se hubieran adormecido. Con rumbo fijo hacia la posada, caminé con la sensación de relax y desasosiego de hacía unos momentos.
En medio de la oscuridad, vislumbré una confusa silueta. Al acercarme vi que era Drella, así que me aproximé un poco más hasta ella, consiguiendo que me echara una mirada fulminante. Por un momento decidí pasar de largo, pero el cargo de conciencia no me permitía marcharme sin más, así que regresé sobre mis pasos.
—¿Por qué te portas así conmigo cuando no he hecho más que intentar ayudarte? Cuando te tiré al charco sin querer pareció que no te molestó.
—Perdona, no he tenido un buen día. No es tu culpa, tienes razón. Lo que pasa es que en la posada no me dan sitio y me va a tocar pasar la noche en el coche.
—Bueno… —Mi conciencia siempre había podido conmigo. —Si quieres puedes quedarte en mi habitación. No es muy grande, pero al menos estarás más cómoda que en el asiento de tu auto.
—Si no es mucha molestia… me encantaría.


Caminando decididamente en nuestra dirección, se acercaba la dueña de la posada con la mirada encolerizada y fija sobre Drella. Se paró ante nosotras y, sin vacilar ni un solo instante, empezó a hablar. 

Original © Mary Martín Todos los derechos reservados.

No hay comentarios:

Todo blog se hace grande gracias a los comentarios, por eso os animo a todos a dar vuestra opinión, estaré encantada de leer y responder todos vuestros comentarios.
Pero recordar que cuando deis vuestra opinión, sea siempre con respeto y sin ofender a los demás. Cualquier comentario ofensivo desaparecerá, al igual que los mensajes de Spam en el blog (PUBLICIDAD) Ni de ninguna otra cosa que no tenga que ver con la entrada, Si quieres publicidad o cualquier otra cosa envía un E-mail a: marymartinoficial@hotmail.com

Gracias por tu comentario.